A mediados de los años 60, Estados Unidos miraba al cielo. La carrera espacial con la Unión Soviética impulsaba una fiebre tecnológica que lo impregnaba todo, y la palabra “futuro” sonaba a algo tangible. En ese contexto, General Motors, el gigante de Detroit, quiso aplicar esa misma energía pioner…
Fue la primera furgoneta de hidrógeno del mundo, pero daba tanto miedo conducirla que GM la probó lejos de cualquier ser humano. Fue la decisión acertada