Los videojuegos de nuestra infancia no solo nos hicieron muy felices, también nos abrieron la puerta al mundo del motor sin que nos diéramos cuenta: entre champiñones, velocímetros, monedas y semáforos en verde fuimos adquiriendo destrezas y hasta entrenando nuestro cerebro. Y no solo Super Mario K…
Para los amantes de las carreras de los 90, Virtua Racing marcó un antes y un después: así nos enseñó la verdad del pilotaje