Hoy resulta imposible imaginar una ciudad sin semáforos. Regulan millones de cruces cada día y forman parte del paisaje urbano desde hace más de un siglo. Pero el primero de todos no tenía nada que ver con los actuales. Y tuvo una vida útil muy corta. Terminó volando por los aires. Del ferrocarril…
Se necesitó un ingeniero ferroviario, un policía y lámparas de gas para crear el primer semáforo del mundo. ¿Qué podía salir mal?